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(OF) The Panting Furdead (Furry/Yiff M/M)

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hola (OF) The Panting Furdead (Furry/Yiff M/M)

Mensaje por AngelBlackwolf el Dom Jul 06, 2014 7:47 pm

Comision para drredhusky que queria algo de The Walking Dead, furrys, mi fursona, su fursona, y algo de sexo extraño :p

Para los que no conocen a Ángel y a Jay, decir que Ángel es un Were lobo negro y Jay un Were Huskie de pelaje rojo y blanco.

The Panting Furdead

Primera parte

Spoiler:



Día tras día la huida continua sin descanso. Los caminantes se extienden por el mundo como una peste, y su número crece aún más, a medida que estos atrapan a más víctimas inocentes. Jay y yo hace casi un año desde la última vez que nos cruzamos con algún vivo, y las provisiones cada vez son más difíciles de encontrar. Igualmente nuestras opciones a la hora de defendernos también han caído rápidamente, ya que la munición casi es tan preciada como el agua o la comida. El uso de armas blancas como machetes, hachas o incluso alguna espada, nos ha salvado el culo en más de una ocasión, aunque no hay que negar que es una suerte que los caminantes sean como muñecos de trapo a la hora de golpearlos. Sus huesos tienen una cuarta parte de dureza de lo que antaño fueron, así que un zarpazo certero en su cabeza contra algo contundente, es algo que nunca falla si te ves rodeado. Incluso hacer que las cabezas de dos de ellos se estallen mutuamente si tienes la ocasión, puede ser una regla a seguir si tienes la oportunidad. Lástima que su sangre y entrañas, tengan tan mal aspecto y olor como todo su cuerpo, aunque siendo sinceros, creo que no está el asunto como para pensar en usarlos de comida, aunque la situación fuera de otra forma.
El encontrar núcleos urbanos es algo que uno nunca sabe cómo tomarse, ya que igualmente puede significar un respiro y nuevas oportunidades, como nuevos peligros y situaciones desagradables que es mejor evitar. Aun así, cuando nos topamos con unas extrañas instalaciones militares en medio de la nada, y nos percatamos que varios de los edificios aún tenían suministro eléctrico, ello nos obligó a investigar, aun cuando nos estuviéramos metiendo en terreno minado.
-No creo que sea una buena idea esto que estamos haciendo. –Comentó Jay a mi espalda sin dejar de mirar a su alrededor.
-¿Crees que no lo sé? –Le indiqué sin dejar de caminar ni dejar de vigilar-. Hace semanas que no encontramos ni un puto trozo de pan mohoso que llevarnos a la boca, y estoy más que harto de cazar ratas y ardillas. No entiendo cómo puedes conformarte con comer eso.
-No es que me conforme, pero no soy tan exigente como tú a la hora de llevarme algo a la boca. Además… Agachate. –Me avisó de repente, sorprendiéndome y haciendo que me ocultara tras un coche.
-¿Has visto algo? –Le pregunté intrigado, mirando hacia un edificio que teníamos a un lado, con un gran logotipo a la entrada.
-Me ha parecido ver una sombra en una de esas ventanas. –Comentó señalando hacia el edificio que precisamente estaba yo mirando.
-Habrá sido un caminante extraviado. –Comenté encogiéndome de hombros.
-¿Alguna vez ha visto a uno de esos bastardos corriendo, como si el infierno lo persiguiera?
-He he. A ellos seguramente no, pero nosotros te aseguro que más de una vez hemos tenido que salir así de más de una situación. ¿Quieres investigarlo? Me da mala espina ese edificio.
-No podemos descartar nada, así que es mejor asegurarnos. –Comentó caminando en cuclillas hacia el edificio en cuestión.
-Hey hey espera. –Exclamé siguiéndolo.
-Laboratorios Eve’s. Cambiando vidas desde las cosas más simples. –Expresó Jay leyendo el logotipo y lo que había bajo las letras grandes.
-Espero que esto no nos cambie a algo con problemas de higiene. –Opiné riéndome.
-Muy gracioso. En todo caso, espero que al menos si alguien tiene que cambiar, sea tu facilidad para pillar pulgas. –Replicó Jay deteniéndose y mirándome de reojo.
-¡Hey! Yo no tengo pulgas. –Respondí indignado.
-Malas pulgas más bien. –Comentó sonriendo al mismo tiempo que llegábamos a la entrada principal.
-¿Qué pasa? –Pregunté extrañado al verlo incorporarse para inspeccionar un panel junto a la puerta.
-Maldita sea. –Expresó golpeando la puerta-. No sé qué es este sitio, pero la entrada está controlada por tarjetas magnéticas, y este vidrio es tan grueso que ni un camión lo atravesaría.
-Miremos alrededor. –Comenté retrocediendo y mirando la fachada del edificio, percatándome que había ventanas que podríamos alcanzar-. Con todo lo ocurrido, seguro que alguna ventana está abierta.
-No nos caerá esa breva… -Susurró siguiéndome.

Ciertamente las probabilidades de una oportunidad semejante en un lugar que parecía tan seguro era más que improbable, pero poco tuvimos que caminar, cuando nos percatamos que había una ventana rota en lo que parecía el túnel de unas escaleras.
-Joder. Yo por ahí me da que no quepo. –Comenté mirándola.
-Ayudame a subir y buscaré una forma de abrir desde dentro. –Me indicó Jay mirándome.
-Eso no me parece una buena idea.
-¿Acaso tienes una idea mejor? El guardia de la recepción estaba muerto, y es lógico pensar que él debe de tener un pase que abra la puerta, o quizás desde el control pueda hacerlo.
-Está bien. Llévatela por si acaso. –Le indiqué entregándole una nueve milímetros que nos acompañaba desde hacía tiempo, y que apenas tenía munición.
-Descuida. Sabes que puedo cuidarme solito. –Expresó agarrando el arma, y arrimándose al edificio para que pudiera alcanzar la ventana al alzarlo.
-Más te vale que sepas lo que haces. –Le indiqué entrelazando los dedos de las manos, para que se apoyara en mí.
-Enseguida regreso. –Comentó dando un salto con mi ayuda y encaramándose al hueco.

Apenas Jay desapareció de mi vista y me separé del edifico intentando ver algo, se produjeron varios disparos que me hicieron correr hacia la entrada del edificio. La maldita puerta aún seguía cerrada, y el guardia que previamente habíamos visto tirado junto a la recepción, ahora no estaba. Además para añadir más problemas al asunto, el sonido de los disparos llamó la atención de caminantes cercanos, que comenzaron a salir de todos lados.
Oh, joder. –Expresé agarrando un machete que colgaba de mi cinturón-. ¡Jay, date prisa!

En apenas un minuto, me vi totalmente rodeado donde la única salida era aguantar y dar cortes a diestro y siniestro, mientras intentaba no ser mordido o arañado. La cosa no pintaba nada bien, y cuando a punto estuvieron de sobrepasarme, la dichosa puerta se abrió y salió Jay descargando las últimas balas.
-¡Rápido, entra de una vez! –Exclamó ayudándome a entrar y seguidamente intentar cerrar la puerta tras nosotros, ya que un caminante se interpuso y no dejó que las planchas se unieran.
-¡Fuera de aquí, maldito bastardo! –Grité cortándole la cabeza y sacando su cuerpo de una patada, logrando así que nuevamente la entrada fuera segura-. Ahh… Ah… ¿¡Por qué demonios tardaste tanto!?
-Sencillamente debido a que el guardia de los cojones no estaba donde debería. –Me indicó cruzándose de brazos-. Venga. Veamos si tanto problema ha merecido la pena.
-Parece que el edificio no está tan limpio como esperábamos. –Comenté de camino a las escaleras, al observar varios cuerpos tirados a los lados, a los que Jay había disparado entre ceja y ceja.
-Eso parece pero no desistamos aun. Es extraño que a estas alturas un edificio como este aun funcione, así que debemos averiguar cómo es posible, y si hay algo que nos pueda servir. –Expuso cuando llegamos a la primera planta.
-Quizás algún generador de emergencia. –Murmuré siguiéndolo.
-Dudo que un generador normal pueda aguantar más de un año sin que haya alguien que se encargue él. O hay alguien aquí que se encarga de mantenerlo en marcha o el asunto va por otro lado.
-Más bien por otro lado… -Gruñí asomándome a una ventana y observando los tejados de edificios colindantes-. Paneles solares con seguidores automáticos de sol. Definitivamente aquí tiene que haber alguien
-¿Qué te hace estar tan seguro? –Preguntó Jay mirándome intrigado.
-Ese tipo de seguidores se estropean con facilidad si no se les da un mantenimiento regular, y los paneles están muy limpios para estar sin cuidados. Será mejor que mantengamos los ojos abiertos. –Comenté reanudando la marcha.
-No sabía que sabias de ese tipo de tecnologías. –Comentó Jay sorprendido.
-Lo estudié hace tiempo aunque…
-Qué demonios…

Los dos nos quedamos sin palabras y sin saber que pensar cuando llegamos al final de un largo pasillo, donde una pesada puerta de metal había sido literalmente arrancada de su marco, y ahora impedía que nadie pudiera pasar por allí. Entre los dos, logramos apartarla lo suficiente para acceder a la habitación al otro lado, aunque de haber sabido lo que encontraríamos, seguramente no lo hubiéramos hecho. Aquel edificio ya desde la entrada demostraba que no era cualquier lugar, pero encontrarnos con una sala con largos tubos de cristal, que contenían todo tipo de criaturas, incluidos caminantes con aspectos que harían salir corriendo al más experimentado, sin lugar a dudas no era lo que buscábamos.
-¿Que es este lugar? –Preguntó Jay observando algunos de los especímenes que flotaban en un líquido morado en el interior de los tubos.
-No tengo ni idea, y sinceramente, no sé si quiero saberlo. Quizás haya algo por aquí… -Comenté apartando varias cosas que habían sobre el teclado de una terminal encendida-. Veamos… Es una suerte que fuera lo que fuera que ocurrió aquí, no les diera tiempo a cerrar la sesión.
-Ángel. Deberíamos marcharnos echando leches de aquí. –Comentó Jay percatándose de que había numerosos contenedores presurizados de metal, que habían sufrido daños y algún gas había escapado.
-Espera, espera. Casi lo tengo. Aquí parece que hay algo… Estudio para el control del individuo alterando su personalidad, a partir de sus sentidos y las feromonas naturales… Que diantres…
-Será mejor que vengas aquí. Tienes que ver esto. –Me indicó Jay desde el fondo de la sala, donde un gran contenedor de cristal parecía perder liquido por la parte de arriba.

Intrigado dejé de hurgar en los documentos del terminal y me dirigí a investigar lo que Jay había encontrado, encontrándome con algo que no esperaba que allí hubiera. En el interior del contenedor, había lo que quizás era el ejemplar de furry hembra más hermoso que jamás había visto. Sus facciones eran caninas sin lugar a dudas, su anatomía era perfecta en todos los sentidos, y sus facciones y atributos no menos sorprendentes.
-¿Quién crees que sea? –Preguntó Jay colocando ambas manos sobre el cristal y observándola anonadado.
-No lo sé, pero no creo que sea de nuestra incumbencia. –Le indiqué sacudiendo la cabeza, ya que de repente me sentí mareado.
-Hay… Hay que sacarla de ahí. –Expresó mirando a su alrededor, visiblemente alterado.
-Algo no va bien… -Susurré tambaleándome y nublándoseme levemente la vista, al mismo tiempo que sentía arder todo mi cuerpo.
-¡No! –Exclamó Jay agarrando una mesa de metal-. ¡Hay que sacarla ahora!

Diciendo esto, Jay comenzó a golpear el cilindro de cristal, logrando que este se resquebrajara tras varios intentos, y finalmente se rompiera derramando todo su líquido y haciendo que los dos saliéramos deslizándonos por la sala, y nos golpeáramos contra las paredes y mesas.
-Auch… Joder… Todo me da vueltas y el corazón me late como loco. –Expresé tumbado cara al suelo y escuchando como Jay parecía respirar con fuerza, a un ritmo más acelerado de lo normal.

En ese momento, se escucharon pisadas sobre el líquido y al mirar observé con sorpresa como la chica que antes estuvo en el tanque, ahora nos miraba estando de pie frente a nosotros.
-Finalmente estoy libre de esa maldita prisión y todo es gracias a vosotros dos. ¿Cómo podría agradecéroslo? –Expresó mirándonos y acercándose a Jay que la miraba de rodillas totalmente embelesado.
-Mi… Mi reina. –Susurró Jay cogiéndole una mano y besándosela.
-Vaya vaya. ¿Así de rápido ya has sido sugestionado? –Comentó ella mirándolo con expresión lasciva.
-¿Qué les has hecho a Jay? Maldita. –Expresé temblándome la voz y el cuerpo.
-Nada que en el fondo él no deseara, y veo que tu pronto caerás también a pesar de tener una personalidad tan dominante. –Comentó acariciándole el rostro a Jay-. Sois unos buenos ejemplares, y creo que me serviréis bien. Aunque antes deberé hacer algo con lo que queda de esa personalidad. –Me indicó acercándose a mí y sujetándome la cabeza con ambas manos, al tiempo que me miraba fijamente con sus penetrantes ojos azules.

En ese momento perdí por completo el control de todo mi cuerpo y de mí mismo, al arrodillarme ante ella y comenzar a jadear.
-Eso es, buen chico. –Susurró acariciándome la cara y el pecho-. Jay. ¿Por qué no te acercas y relajas un poco a tu amigo? Creo que noto cierta tensión por ahí abajo.

Estaba claro que de algún modo nos estaba controlando a ambos, pero no era simple dominación, sino más bien, parecía estar estimulando ciertas partes de nosotros mismos. Sin poder hacer nada para evitarlo, me incorporé y me desnudé de cintura para abajo, como Jay también hizo antes de acercarse y situarse ante mí. Él también estaba claramente acelerado, pero había algo en su mirada que me indicaba que era más de lo que yo imaginaba. Con sorpresa lo observé arrodillarse ante mí, y como sus manos rodearon mi miembro, y sin titubear comenzaba a lamerlo. ¿Qué diantres estaba pasando? Ninguno de los dos jamás había hecho o siquiera pensado algo semejante, y ahora tenía a mi amigo no solo haciéndome una felación, sino que además, sentía que ambos lo estábamos disfrutando. Notaba su lengua acariciando toda la longitud de mi miembro, y cuando lo introducía en su boca y la punta rozaba su campanilla, yo me sentía desfallecer. Mis manos entonces se colocaron en su cabeza, y sujetándola con fuerza, literalmente lo obligué a meterse tanto como fuera capaz. No sabía qué era ella, pero ya estaba claro que nos estimulaba y alteraba directamente nuestros sentidos del placer. No podía luchar contra aquello, y antes de darme cuenta, sujetaba con fuerza la cabeza de Jay contra mi entrepierna, mientras descargaba directamente en su garganta, con más intensidad de la que jamás había sentido. Podía sentir como Jay luchaba no solo por respirar, sino también por tragar tanto como le fuera posible, hasta que finalmente mis manos lo soltaron y con un último chorro le impregné toda la cara.
-Eso ha estado muy bien. Buena lobito. –Comentó ella sonriendo y acariciándome nuevamente la cara-. Sin lugar a dudas a demostrado tu lado dominante, pero ahora ha llegado el momento de que cambien las tornas. Ponte de cara a esa pared.

Mi cuerpo temblaba de excitación, pero no dudé ni un segundo en hacer lo que me pidió, intuyendo además lo que vendría a continuación. Jay se incorporó y aun sin verlo, sabía que tenía una erección tan fuerte como la que yo segundos antes tenía, y era el momento de que yo lo complaciera.
-Muy bien Jay. –Le indicó ella situándose a su lado, y tocándole la espalda con una mano-. Como puedes ver, tu amigo quiere devolverte el favor, así que quiero que se lo agradezcas y lo montes como si fuera la última loba del planeta. Dale todo cuanto tengas, y no te detengas hasta que logres preñarlo o no puedas tenerte en pie.
-Ya lo estoy deseando. –Expresó Jay acercándose a mí y sujetándome por la cintura.

Y sin más, me mordió en el hombro y de una estocada me ensartó la totalidad de su miembro, haciéndome gritar de dolor. El dolor inicial fue en verdad tremendo, pero para mi sorpresa, fue poco a poco desapareciendo y transformándose en placer totalmente fuera de control. Me tenía totalmente a su merced, y golpeaba mis nalgas con su cuerpo usando todas sus fuerzas. Yo jadeaba y gemía como nunca en toda mi vida, y lo peor de todo es que no solo deseaba que no se detuviera, sino que además, anhelaba sentir su semilla llenándome.
-Ahh… Ahhh… ¿Lo sientes Ángel? ¿Sientes como hago tu cuerpo totalmente mío, al mismo tiempo que logro que te estremezcas? –Me susurró Jay al oído sin detener lo mas mínimo los golpes de su cadera.
-Ahh… Si… No te detengas… Llename… -Expresé con la lengua fuera babeando sin control.
-Ya has oído Jay. No hagas esperar a tu loba. –Le indicó ella acariciándole la espalda y provocando que casi de inmediato, el descargara con una fuerte arremetida final.

Sentí la semilla de Jay inundando todo mi cuerpo, y quemándome a medida que me llenaba con tantos chorros que llegue a perder la cuenta. Sentía mi vientre abultado, y cuando los dos nos quedamos trasero con trasero, nuevamente sentí como volvía a descargar dentro de mí, provocando que yo también tuviera un orgasmo y pringara toda la pared.
-He he. Eso es. Amo esas expresiones de placer absoluto que ambos tenéis. –Nos indicó ella acariciándonos la cara a ambos-. Seréis unos excelentes concubinos, y haré buen uso de toda las semillas que logréis darme. Quién sabe. Quizás incluso altere ligeramente vuestra fisionomía, y haga que ambos os preñéis realmente. Mmm… Tengo grandes planes para vosotros, pero todo a su tiempo. Ahora quiero disfrutar con el espectáculo antes de pasar a cosas más serias.

Diciendo esto, se arrimó a mí y tras lamer la pared impregnada con mi última descarga, introdujo totalmente mi miembro en su boca, haciendo que todo mi cuerpo se estremeciera hasta los huesos. Su contacto físico potenciaba aún más su sugestión, y de cerca el penetrante aroma de su cuerpo, eliminaba por completo cualquier resistencia que pudiera quedar.
Durante el resto del día, Jay continuó montándome una y otra vez en cuanta postura que a ella se le ocurrió, y cuando finalmente mi amigo cayó sin fuerzas, yo apenas podía moverme por lo dolorido que estaba, y lo hinchado de mi vientre. Estaba a punto de caer en la inconciencia yo también, pero antes de eso, ella me obsequió con un beso tan sabroso que no tiene descripción posible, logrando así cuanto se había propuesto.
En días posteriores, ya estando Jay y yo totalmente prendados de ella y la idea de escapar se había desvanecido, nos explicó que era exactamente y por qué estaba allí. Para bien o para mal, habíamos acabados envueltos en un asunto que ya no podíamos dejar a un lado, y que seguramente nos metería en otros tantos que era mejor no imaginar.

Segunda parte

Spoiler:
Parte 2

La hembra que habíamos liberado se hacía llamar Alma, que resultó ser la hija de uno de los investigadores de aquel laboratorio. Según parecía, tiempo atrás ella había sido mordida por uno de los caminantes, y su padre dispuesto a hacer lo que fuera por no perderla, la trató con terapia genética experimental. Su padre descubrió que el virus de los caminantes afectaba directamente a la corteza del lóbulo límbico, que es la parte “animal” del cerebro encargada de la supervivencia, las reacciones automáticas y los procesos fisiológicos. El virus en sí, sobrecargaba en un novecientos por ciento esta zona, logrando anular el resto del cerebro y por tanto el funcionamiento de todos los sistemas del cuerpo, pero al mismo tiempo, manteniendo una corriente eléctrica constante en los músculos, logrando así que pudieran moverse. El instinto primario de alimentarse a toda costa tomaba el control, sacrificando del organismo cuanto fuera necesario para lograr sus objetivos. Así mismo, el virus mantiene un funcionamiento errático del lóbulo temporal, donde se aloja la corteza auditiva primaria. Del lóbulo frontal donde se aloja la corteza motora primaria encargada del control de los músculos del cuerpo. Y finalmente pero en menor medida, del lóbulo occipital, que contiene la corteza visual primaria, que procesa la información visual que llega a la retina.
A pesar de toda esta información, no encontraron nada que pudiera matar al virus, pero si algo que lo hacía mutar y cambiar sus objetivos, antes de que el cuerpo empezara a deteriorarse. Lograron reprogramar el virus para que afectara a otras partes del cerebro, pero no como ellos esperaban. El virus atacó directamente el hipotálamo, la parte primaria del cerebro, que nuevamente se sobrecargó extraordinariamente, pero ahora con otro fin. Todas las conexiones y reacciones encargadas de segregar elementos químicos, fueron aumentadas hasta niveles que se creían inalcanzables. Los andrógenos, la testosterona, los estrógenos y el estradiol, inundaron por completo la sangre, haciendo que el cuerpo alcanzara su máxima expresión para el deseo sexual.
Si, lo sé. Cuando me enteré también me quede con cara de…
“¿¡Qué cojones…!?”
No sé en qué demonios estarían pensando cuando alteraron el virus para lograr algo semejante, y la verdad es que no quiero ni plantearme si fue para bien o para mal. La cuestión es que Alma sin lugar a dudas se había transformado en una criatura que rezumaba Libido por todos sus poros, y su cuerpo era la viva imagen de la sexualidad femenina, pero eso no explicaba por qué demonios Jay y yo acabamos apareándonos como bestias en celo. Lo único que estaba claro, es que ambos éramos como dos perritos falderos detrás de ella, y como no, Alma sabía como disfrutar de la situación, ya fuera simplemente mirando, como participando.
La única ventaja de todo aquello, fue que descubrimos que los caminantes por alguna razón, huían en cuanto estaban a menos de cincuenta metros de Alma, lo que era una gran ventaja ya que evitaba que fuéramos devorados, o peor aún, volvernos como ellos.
Tras varios días en aquel lugar recogiendo cuanto pudiera sernos útil, nos marchamos rumbo norte siguiendo a Alma, que nos controlaba en silencio y no podíamos hacer nada para remediarlo. Aquello era cuando menos pintoresco, ya que éramos dos Weres hechos y derechos, cargando pesadas mochilas llenas de cosas, que seguían a una voluptuosa Furry que se paseaba desnuda como si fuera lo más normal del mundo.
-¿Por qué no nos liberas o al menos nos dices a dónde vamos? –Le pregunté intrigado.
-Como ya os dije, me seréis de utilidad en muchos sentidos, y por supuesto, es más ameno el viajar acompañada. –Comentó Alma volviéndose hacia nosotros con una sonrisa en la cara-. Nos dirigimos al lugar que posiblemente es el foco que originó todo esto.
-¿Al origen? No sabía que el apocalipsis tuviera explicación. –Comenté mirándola de reojo.
-¿Tan difícil es que por una vez no seas un incordio? –Replicó Jay mirándome bastante serio.
-No entiendo cómo puede haberte afectado tanto. Tú nunca fuiste así. –Le indiqué mirándolo a los ojos.
-Eso os lo puedo explicar. –Nos indicó Alma sentándose como el capó de un coche, y cruzando las piernas al tiempo que nos miraba-. Vuestra personalidad era tan dispar como vuestro aspecto, y eso por supuesto, marcó el cambio que el virus os produciría.
-¿Virus? ¿Acaso estamos infectados? –Pregunté preocupado mirándome las manos y el cuerpo.
-Las bombonas que habían en el laboratorio, contenían el virus ya modificado que mi padre desarrollo, y que como supondrás, ambos respirasteis. La exposición a este virus, os hace totalmente receptivos a mi sugestión y control, aunque esto último es algo que prefiero no usar.
-Si estamos infectados… ¿Significa que también nos convertiremos tarde o temprano en esas cosas? –Le pregunté mirando a varios caminantes definitivamente muertos.
-No necesariamente. Mientras estéis cerca de mí, puedo controlar la parte aberrante del virus, y si logramos anular la fuente que lo produce y distribuye en la atmosfera, quizás continuéis siendo tan monos como ahora.
-¿Por qué? ¿Por qué haces esto? No lo entiendo. Tu padre hizo lo inimaginable para que no te convirtieras en un monstruo, pero bajo mi punto de vista, no creo que lo consiguiera.
-¡Ángel! –Exclamó Jay sorprendido.
-No pasa nada, Jay. –Le indicó Alma extendiendo una mano hacia él-. Me gusta esa parte arrogante y dominante que tiene tu amigo, pero más aún me gusta verlo aceptar su lado más profundo. –Comentó a continuación bajándose del coche y acercándose a mí.
-No… No sé de qué hablas. –Expresé temblándome la voz y el cuerpo cuando su mano me acaricio la cara.
-Sí que lo sabes. –Me susurró al oído-. Vi tu cara enrojecida y jadeante mientras Jay te tomaba. Me llevará algún tiempo hacer que lo admitas voluntariamente, pero tarde o temprano tú mismo te darás cuenta, que tu cuerpo desea ser dominado como ocurrió en el laboratorio. Haré que Jay sea contigo, como tú normalmente eres con las hembras de una noche. Te aseguro que jadearas y gemirás más que todas ellas juntas…

Sus palabras me hicieron estremecer de los pies a la punta de las orejas, y cuando por sorpresa abrió su boca y su lengua se alargó casi treinta centímetros lamiéndome toda la cara, comprendí que en verdad, Alma había dejado de ser lo que una vez fue. Sin lugar a dudas, nuestra hermosa acompañante era como una medusa o una rana venenosa, ya que su belleza ocultaba algo que era mejor no saber, y que encima estaba a punto de comprobar.
-Y ahora os voy a enseñar por que los caminantes me temen. –Nos indicó sentándose nuevamente en el capó del coche y relamiéndose mientras miraba hacia una arboleda cercana-. Traedme a aquellos dos de allí.
-¿Quieres que te traigamos a un par de caminantes? –Le pregunté sorprendido y espantado.
-Querías respuestas, ¿no? Pues te las daré. No hace falta que me los traigáis enteros, pero sus cabezas deben estar intactas.

No entendía que era lo que tramaba, y seguramente se me debía de notar en la cara lo que estaba pensando, ya que Jay me miró y se rio agarrándome por un brazo, antes de dirigirse hacia los caminantes.
-Esto es una locura. –Comenté tragando saliva al percatarme de que los caminantes habían notado nuestra presencia y se volvían hacia nosotros.
-Si ella lo ordena, no somos quienes para negarnos. –Expresó Jay sujetando con ambas manos una cuerda-. Se bien que no lo entiendes, y aun luchas por resistirte, pero nunca me había sentido tan seguro de mí mismo.
-No hace falta que me lo digas. –Murmuré mirándolo de reojo caminando a su lado, un paso más atrás-. Jamás hubiera pensado que tú podrías montar como lo has hecho conmigo.
-Lamento si te hice daño, pero no lamento lo que hice. –Expresó dándole una patada en el pecho al primer caminante que se acercó, y seguidamente lanzándose encima para inmovilizarle las manos-. Alma me complementa, y en cierto modo aun cuando ella controle nuestros actos, siento que me hace bien todo esto.
-Para ti eso es muy fácil de decir. –Le repliqué golpeando al siguiente que se acercó y haciéndolo caer de cara al suelo, con lo que rápidamente se subí a su espalda-. Es mi trasero quien más lo está pagando.
-No recuerdo que te hayas quejado por ello. –Me indicó mirándome con sonrisa siniestra, e incorporándose con su caminante bien atado-. A los dos nos gustan las hembras, y mentiría si dijera que no me muero por hacérmelo con Alma, pero mientras ella así lo desee, voy a poner todo cuanto tengo, por hacer tu cuerpo totalmente mío.
-No te lo tengas tan creído. –Expresé gruñéndole, tras tragar saliva al ver en sus ojos que hablaba muy en serio-. No sé cómo ni si es posible, pero no me voy a rendir tan fácilmente como tú lo has hecho.
-Je. Como no… -Comentó con expresión burlona antes de regresar y yo ir detrás.

Apenas hacía unas pocas horas que resistíamos huyendo de los caminantes, o en el mejor de los casos, evitándolos, y ahora estábamos cazándolos para quien sabe qué. Decir que aquello era raro es quedarse muy corto, pero no podía más que obedecer y seguir observando a la espera de que algo cambiara, o surgiera una oportunidad. Cuando finalmente llegamos hasta Alma, los caminantes que teníamos retenidos comenzaron a retorcerse y zarandearse intentando soltarse, lo que nos sorprendió a ambos, ya que pensábamos que solo le tenían miedo al fuego.
Aquello fue algo inesperado sin lugar a dudas, pero no tanto como ver a Alma clavando una garra en la cabeza de uno de ellos, y observar como este literalmente se volvía polvo apenas unos segundos después.
-Este hacia muchos meses que se transformó. –Comentó Alma mirándose la garra que previamente había usado-. Veamos si hay suerte con el otro.

Y diciendo esto, nuevamente hizo lo mismo con el que quedaba, provocando que este comenzara a gritar, sorprendiéndonos a Jay y a mí que retrocedimos espantados. Ante nuestros ojos, el caminante pareció secarse de los pies hacia la cabeza, y cuando su cuerpo se volvió también polvo, la garra de Alma quedó a la vista.
-No es precisamente de lo mejor que se puede conseguir, pero me servirá de momento. –Expresó Alma mirando una pequeña masa palpitante sobre su mano, que seguidamente se arrojó dentro de la boca y tragó sin masticar, produciéndonos arcadas.
-¿¡Cómo demonios te has comido eso!? –Exclamé asqueado.
-¿Nunca has comido sesos? Qué raro. –Expresó Alma mirándome extrañada, como si lo que acababa de hacer no tuviera la menor importancia-. Vale. No es exactamente sesos lo que me he tragado, sino más concretamente la glándula pituitaria, hinchada tras absorber en ella todas las hormonas del cuerpo. El mantener mi aspecto y habilidades, consume una enorme cantidad de energía y hormonas, que cada cierto tiempo tengo que reponer, y la forma más rápida, es absorberla de otros.
-¿Y tiene que ser de los caminantes? –Pregunté extrañado.
-De los vivos obtendría resultados mucho mejores, pero no creo que os tomarais muy bien si fuera por el mundo liquidando a los pocos que quedan. –Me indicó mirándome de reojo-. Y respecto a lo otro que necesito, para eso estáis conmigo.
-¿Lo otro? –Preguntamos al unísono Jay y yo, mirándonos intrigados.
-A través de la ingesta de vuestra semilla, puedo adquirir una buena provisión de proteínas, además de cortisol, estrona, melatonina y serotonina. Todo esto y más, me sirve para tener una piel más suave y atractiva, además de cumplir con otras cuestiones que no vienen al caso.
-Vamos. Que para ti somos como un banco de alimentos. –Comenté indignado.
-No creo que sea para tanto. –Añadió Jay.
-¡Tú no eres a quien rellenan! –Le repliqué señalándolo con un dedo.
-Vamos vamos. Tú también sales ganando con todo esto. –Me indicó Alma mirándome con sonrisa pícara-. Gracias al esfuerzo desinteresado de Jay, tu también estás absorbiendo nutrientes a través de los intestinos, cada vez que él…
-¡No quiero escuchar más! –Exclamé dándoles la espalda y alejándome varios metros de ellos, pero deteniéndome de golpe, al escuchar la voz de Alma en mi mente.
-Estaréis más seguros conmigo que en cualquier lugar en todo el mundo. Los caminantes huyen de mí ya que intuyen el peligro que represento para ellos, y por ese motivo os necesito para que los cacéis cuando sea necesario. No creo estar pidiendo nada descabellado, y no me gustaría tener que recurrir a otras opciones, ya que ello sería una verdadera pena. El virus que os infectó me da más control sobre vosotros de lo que podáis imaginar. A diferencia de Jay, opté por mantener prácticamente intacta tu personalidad. No me hagas replanteármelo.

Si eso no había sido una amenaza, a mí me lo pareció mucho. Me volví entonces hacia ella y tras mirarla fijamente a los ojos, regresé con ellos.
-Parece que estoy en un callejón sin salida, así que supongo que te seguiré el juego un poco más. –Comenté recogiendo del suelo la mochila y echándomela al hombro.
-En verdad eres un cascarrabias. –Comentó Alma riéndose y reanudando la marcha.
Continuamos caminando sin saber hacia dónde se dirigía Alma o que nos esperaba, y lo único de lo que no teníamos que preocuparnos, era de encontrarnos con caminantes, ya que huían de nosotros. Tras casi doce horas caminando sin apenas descansar y el sol comenzando a ocultarse, Alma nos indicó que era hora de acampar y descansar para el día siguiente, así que bajo un viejo puente donde numerosos autos se estrellaron, nos establecimos.
-Ay… Mis pobres patas… -Expresé tocándomelas ya que las tenía doloridas de tanto caminar.
-Puedes caminar mucho, pero siempre acabas quejándote de que te duele algo. –Me indicó Jay mirándome.
-Hazme el favor de callarte y no tocarme los cojones por un rato. –Le repliqué dejándome caer de espaldas.
-Habéis recogido provisiones, así que deberíais comer algo. –Nos indicó Alma reclinada contra una de las paredes y mirándonos cruzada de brazos.
-¿Tu no vas a comer nada? –Le preguntó Jay extrañado.
-Más tarde seguramente. –Respondió Alma mirándome.
-Como si no supiera lo que tienes pensado comer… -Pensé devolviéndole la mirada.

Como odio tener razón… Apenas Jay y yo terminamos de comer y nos poníamos cómodos como podíamos para pasar la noche, un escalofrío sacudió mi espalda y los latidos de mi corazón se aceleraron, advirtiéndome esto de lo que se me venía encima. De sopetón me incorporé quedándome sentado, y observé como Alma miraba a Jay de forma lasciva, lo que indicaba que nuevamente tenía ganas de jugar, y como no, yo acabaría haciendo de juguete.
-Adelante muchacho, diviértete. –Expresó Alma haciéndole un guiño a Jay, provocando que casi de inmediato se me abalanzara encima.
-Ahh… Ahh… -Jadeaba Jay ante mi cara.
-Esto… ¿Te importaría al menos dejar de babearme? –Comenté mientras de su lengua colgante goteaba saliva.
-Ponte a cuatro patas. –Expresó Jay arrancándome de un zarpazo la mitad de la ropa.
-¡Hey! ¿¡Pero qué te pasa!? –Exclamé sorprendido incorporándome de golpe y quitándomelo de encima-. ¿¡Acaso no sabes lo complicado que es encontrar ropa decente hoy día!?

La respuesta por parte de Jay fue gruñirme, y abalanzándose nuevamente sobre mí, volteándome a la fuerza.
-Te gusta hacerlo difícil, ¿eh? –Me indicó Alma situándose en cuclillas ante mí.
-Eres una… ¡¡¡Aaahhh!!! –Exclamé cuando Jay me introdujo todo su miembro de una estocada.
-Eso es. Me encanta tu cara enrojecida y jadeante. –Comentó Alma mirándome sonriente y acariciándome la cara.

Jay me estaba montando sin la menor consideración. Era como una animal salvaje que solo deseaba demostrar su virilidad, y mi cuerpo parecía deseoso de que así fuera ya que no podía detener mis gemidos y jadeos. Entonces varios minutos después cuando el nudo comenzaba a hinchar y golpeaba intentando entrar en mí, Jay me cogió en vilo y sentándose me dejó caer en peso sobre su miembro, metiéndome todo hasta la base, provocando que nuevamente me quejara y mi cuerpo se estremeciera. Allí estaba sentado sobre Jay con todo su miembro dentro de mí, mientras este golpeaba con fuerza con las caderas haciéndome revotar, y cayendo con fuerza por estar anudado. La mente se me nublaba, y con cada segundo que pasaba, menos deseaba que Jay se detuviera. En verdad me tenía totalmente a su merced, y fue en ese momento cuando Alma se inclinó hacia mí, y rodeó mi miembro con su lengua al tiempo que lo introducía en su boca. La muy maldita con tener una lengua tan larga y que además controlaba a la perfección, me producía una estimulación absolutamente brutal, así que mis manos no tardaron mucho en sujetarla por la cabeza. No sé si ella así lo quería o era yo mismo quien lo deseaba, pero hice que se metiera todo mi miembro hasta que sus dientes tocaron mi cuerpo. Sentía que la había penetrado hasta la garganta, y los movimientos ondulantes de su lengua que en ningún momento se detuvieron, hicieron que descargara directamente hacia su estómago.
Por su parte, las garras de Jay ahora cerradas con fuerza contra mi pecho, mientras sus brazos me abrazaban fuertemente, lograban que yo apenas pudiera moverme, mientras lo escuchaba y sentía jadear en mi cuello. Alma tragó hasta la última gota de mi semilla tras lograr que eyaculara tanto como podía en una sola vez, y entonces se separó de mí y relamiéndose asintió con la cabeza. Este movimiento me extrañó durante un segundo, pero cuando segundos después sentí como Jay descargaba en mi interior, lo comprendí. Aquella acción por parte de Alma era la señal para Jay de que ya podía terminar si había estado aguantando, y vaya que terminó. A pesar de que el día anterior ya había eyaculado de una forma asombrosa, Jay había logrado nuevamente dejarme bien relleno de una sola vez. Sentía mi cuerpo arder y no era solo por la gran cantidad de semilla que mi amigo me había dado.
-He acelerado toda la bioquímica de ambos, así que durante estos momentos de disfrute mutuo, tendréis mucha más energía y seréis mejores sementales de lo que jamás seríais por vosotros mismos. –Nos indicó Alma mirándonos y acariciándonos la cara a ambos.
-Ahh… Ahh… Liberame… -Susurré con la voz entrecortada ya que apenas podía pensar con claridad.
-Eso no puedo hacerlo. –Expresó Alma lamiéndome la cara.
-Ya os lo he explicado, y además, adoro verte así. No hay nada que me excite más, que ver a un macho grande y dominante como tú, con esa expresión de placer y vergüenza mientras es montando e impregnado por otro macho. Pero no te preocupes. Bromeaba cuando os dije que haría que os quedarais en verdad embarazados. –Comentó con cara risueña-. No tengo esa habilidad.
-Ahh… Alma. ¿Puedo continuar? –Preguntó Jay con ambas manos sobre mi abultado vientre.
-Pues claro que puedes. Montalo tanto como quieras.
-Gracias. –Expresó Jay reanudando los movimientos de su cadera, haciendo que se incrementaran los sonidos que yo producía.
-Ningún macho soportaría mucho tiempo este tratamiento sin perder por completo la cabeza, pero ya he puesto en tu mente una barrera que te dejará llegar al límite, sin que Jay nunca pueda sobrepasarla por mucho que te use. –Me susurró Alma al oído mientras una de sus manos me acariciaba el miembro.

Diantres… Era en verdad vergonzoso el verme allí jadeando y gimiendo mientras mi cuerpo rebotaba sobre el de Jay. Sentía arder mi sangre, el corazón me latía a mil por hora y golpeaba con fuerza contra mi pecho, y encima percibía como el miembro de Jay latía con fuerza cada vez que su cuerpo bombeaba sangre a este para mantenerlo duro. No podía mantener la boca cerrada, y mi lengua colgaba a un lado goteando saliva mientras mis ojos se llenaban de lágrimas de puro placer. ¿Qué era lo que me estaban haciendo entre los dos? No sé describir como me sentía mientras mi cuerpo era poseído de aquella forma, y cuando Jay me soltó y me colocó de espaldas al suelo, para colocar mis piernas en sus hombros y comenzar de nuevo, mi mundo dio un vuelco. Estaba allí cara a cara con él observando su expresión de placer, y al mismo tiempo de dominio por tenerme a su merced. Estoy seguro que mi cara debía de estar totalmente roja, y cada vez que el arremetía con fuerza, yo no podía evitar soltar un gemido aún más intenso.
Alma decía la verdad. Cada vez que Jay me agarraba y me usaba, un poco de mi cambiaba. Los temores a ser sexualmente como una loba en celo, poco a poco se desvanecían a medida que mi cuerpo aceptaba la situación. Jay estaba totalmente bajo el control de Alma, y yo aun siendo yo mismo, posiblemente estaba condenado a acabar como el juguete sexual de ambos.
Ya no me molestaba tanto mi situación con Jay, pero había algo que Alma no había logrado cambiar. El día que lograra agarrarla me las iba a cobrar todas juntas, mientras la hacía jadear y gemir hasta que uno de los dos perdiera el sentido.

AngelBlackwolf
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